Es raro como las cosas de la vida vuelven siempre en forma del círculo perfecto. Después de la primera semana de trabajo en L’Oreal, empezamos a organizar la famosa salida: alter-office.
Nunca me hubiera imaginado que mi vida aburrida parisina dio una vuelta a la tuerca. Es que en el trabajo anterior, prácticamente estaba sola. Nunca saboree la soledad de la manera como lo hice. Llegaba sola al trabajo, saludaba a la gente con una simple sonrisa y nada mas, almorzaba sola, hacia lo que tenía que hacer sola, tomaba el café cada tanto con mi jefe, pero nunca excedía a los 5 minutos. Estaba más sola que una ostra. Claro, ahora en L’Oreal todo es diferente. Primero en vez de ser 1 de las pocas pasantes, acá somos unos 20 mínimos en la división, sin contar de la empresa entera. Después la mayoría de la gente cuenta entre 20 a 24 años, con solo pocos fuera del rango.
Mi primer after-office fue triste. No triste por las personas, ni por el ambiente. Al contrario, fue bárbaro. Pero triste de cómo es el after-office en si, y de cómo mi vida adolescente termino. Comienza estilo 7 de la tarde, con la entrada tenemos consumición libre hasta las 9, y un buffet de comida estilo “cena livianita”. Después a las 9 y 30 comienza a subir el volumen, y la gente comienza a bailar. Y eso fue lo que me entristeció: Estoy volviendo a los matinees!!!!!!! Nooooooooooooooooooooooo!!!!! Para peor, salvo nuestro grupo, hay una gran mayoría de la gente que es candidato perfecto a lo llamado: padres o abuelos. Y a las 11, a mas tardar 11:30, como el cuento de ada tenemos que volver forzosamente a nuestra casa debido a la restricción de transporte: en Paris todos los metros cierran a las 12 de la noche, y que Dios te bendiga no solo para pagar sino también para conseguir el taxi!
Al menos espero conocer a todos los bares de Paris después de estos 6 meses.
jueves, 7 de febrero de 2008
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