viernes, 2 de enero de 2009

One dollar

“One dollar, one dollar, coming please! Every thing for one dollar…”

“El mejor precio de venta es el que puede variar de acuerdo a lo
que cada uno de los clientes esta dispuestos a pagar.”



Apenas asomando por las veredas egipcias, el “one dollar” me inunda como si fuera una avalancha del nivel mas peligrosa. Si no fuese porque el dollar es una palabra inconfundible, por poco creía que en árabe, “one dollar” significa “hola, que tal”.

Es increíble como la gente se avalancha contra los turistas para tratar de venderle algo. Si le creíste que verdaderamente todo salía un americano, pues estas mas que equivocado. El billetito verde prometido es como el gusano para los pescados a punto de ser pescado. Si te tentaste, pues fuiste. Te dice después que en realidad lo que salía 1 dollar era otra cosa, que lo que a vos te gustaba salía 100 veces mas. Y allí empieza la verdadera batalla. Media hora para llegar al precio que en teoría debería ser o inclusive un número más alto del precio real.

En Egipto el regatear es tan natural que respirar. La gente se lo pasa regateando. En ningún lugar los precios están escrito explícitamente, al menos no en números de las que conocemos. Para mi, amante del shopping pero poco acostumbrada a la negociación, es un dolor de cabeza. Llegue hasta el extremo de no querer comprar nada porque ya me da fiaca pelear.

El comerciante egipcio siempre te mata con esa frase: Y para usted cuando vale? Y si, que vivo, para algunos la misma cosa vale 20 euros, para otros 10 dólares, y para algunos nada. El egipcio es capaz de poder venderle a cada uno de los consumidores un precio diferente: el valor de las cosas que para el consumidor vale. Todo esto gracias a la información perfecta (Totalmente prohibido en el occidente la práctica de intentar adivinar el valor de las cosas para cada cliente y tratar de venderle a cada uno un precio diferente.). Así, después de cada transacción: todos contentos: el comerciante egipcio y el consumidor inocente, rompiendo de esta manera, el modelo perfecto del precio de equilibrio del mercado porque nunca existe como tal.

Lo peor no termina allí. Sino cuando uno esta con un grupo de turistas, la comparación hace que nuestra aventura de compra termina siendo más miserable aun. Si compraste la misma cosa a un precio menor, de repente un sentimiento de triunfo te llena el pecho, y te sentís como si fuera el dios del regateo y el súper negociador. Ego, más ego y más ego. Ahora, si fuese al revés, sentís de repente que todos son chorros y que nunca miraras nuevamente con los mismos ojos al próximo comerciante.

Y acá estoy, escribiendo esta nota desde el lobby del hotel en vez de estar paseando, cazando cosas interesantes. Algún día me arrepentiré de no haberme llevado nada de souvenir, sin duda. Pero por ahora, solo quiero descansar del “ONE dollar” y del hassle.

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